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Editorial Revista Living

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Transcribo parte de la editorial de este mes porque me gustó muchísimo y tal vez algunos de los que participan del blog no lean la revista.


"... Me parece que hay una excesiva búsqueda de la perfección al hacer una casa...(..) por más que admiro la atención al detalle y la prolijidad, reconozco la frustración que puede generar en el espectador además de la dificultad de mantener ese estado en el tiempo, ya que la vida, entre otras cosas, atrae al desorden. Nuestra casa no es sólo un lugar físico, sino tambien emocional. Malgastamos energía criticando lo que tenemos y añorando lo que no tenemos, cuando nuestro hogar debería ser el espacio donde justamente, nos sintamos cómodos. Entonces, ¿Cómo hacemos para que no se convierta en una frustración ni en una obsesión el que nuestra casa sea linda y funcional?......Valoro las mezclas basadas en la intuición de cada uno, aunque no deja de ser cierto que hay pautas sencillas y objetos de buen diseño que sirven para equilibrar el gusto personal. Ser capaces de identificar como nos gusta vivir es fundamental para crear un espacio con un sentido realmente util y nuestro. Y en ultima instancia eso es lo que cuenta" Mariana Kratochwill

Leerlo me remitió inmediatamente a las que como yo miramos y miramos revistas con fotos que nunca veremos en vivo y en directo, y pense en el blog en todos los que participan, al amor que le ponen y a lo valioso de los aportes. Solo para ilustrar pongo un before and after blog de mi living (hay un after mas pero no tengo fotos). Buena semana!




Decoración de oro

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El otro dia Pau se preguntaba por que nunca se terminaba con la decoración de la casa.He nacido en una gran casa donde siempre faltaba algo por hacer. Por mas empeño que le ponian mis viejos, siempre habia alguna habitación sin terminar. Después yo misma vivi en un depto. Inmenso y cuando pintaba y arreglaba un dormitorio, caia en la cuenta que el baño de servicio agonizaba. En esos momentos eramos varias las manos ( y billeteras) para colaborar en la faena. Ahora con solo dos manos y no muchos metros, me pasa lo mismo, pero ya aprendi que esto no debe frustrarme. Por el contrario. Nuestra casa, nuestro territorio, nuestro pequeño templo, el lugar donde transcurre la intimidad con nuestros amores con sus gozos y sus sombras ( perdon por la paráfrasis), las alegrias y los rabietas de nuestros niños y no tan niños, nuestras soledades, elegidas o no, por suerte nunca estara completamente terminada mientras la habitemos , porque al igual que nosotros tiene vida. Como un jardin al que siempre hay que estar atentos, nuestras casas crecen con nuestra familia, se agrandan o se achican de acuerdo a nuestros desencuentros economicos , sentimentales o simplemente las contingencias biologicas de quienes transitan nuestro camino. Las llegadas, las inevitables partidas. Nuestras casas se gastan como nuestro cuerpo con el uso y hay que renovarle las ganas y limpiarlas como a nuestra alma.
Decorar la casa,arreglarla, mantener nuestro capullo calido y feliz, es una tarea diaria , es un regalo que hacemos a quienes la habitan con nosotros, a los amigos que recibimos y un obsequio que nos hacemos a nosotras mismas. Buscar la alegria, la paz de las formas, lo que nos represente , vivir en nuestro pequeño espacio de arte, todo en ella , hasta el mas minimo adorno , muestra nuestra escencia . Porque lo merece Porque vive y respira con nosotros , porque es nuestro capullo y nuestro abrigo ante los no lugares muchas veces desolodados del afuera.Dedicado a todas las fanaticas, seguro que Uds si . me comprenden.
Con amor, Claudia. ( presuntuosamente DamadeOro)

Olores

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Cuando era chica me di cuenta de que en la casa de cada una de mis amigas había un olor particular y único, que permanecía por sobre otros circunstanciales. La casa de Chichita olía a la mezcla achocolatada del tabaco que fumaba su padre; la de Rosana, a viruta y a la resina de la madera verde estacionada en el patio, cerca de la carpintería familiar; la de Diana tenía un olor fresco a mentol que no hoy puedo explicar. Los percibía apenas traspasaba el umbral y eran el golpe odorífero de bienvenida que husmeaba hasta que mi olfato se saturaba.
También las casas de mis abuelas –que compartían barrio- tenían sus olores característicos: la de Rosa, a la cera en pasta con que lustraba obsesivamente mosaicos y pinoteas; la de Josefina –rancho de adobe- olía a cocina económica y a la humedad jabonosa de la acequia que seguía al piletón donde estaba la bomba de agua y se lavaban los platos y la ropa.
Recuerdo especialmente el olor del departamento de Inés, vieja amiga de mis padres, que estaba en un edificio antiguo en planta baja, en el centro de la ciudad. Se entraba directamente a un patio de luz y allí estaba la galería formando un medio-arco y en donde el sol apenas se asomaba en verano. Típico lugar con malvones, lazos de amor, helechos colgados, y enredaderas trepadas a las columnas acanaladas. Las habitaciones venteaban a ese patio y la humedad exuberante de verdes impregnaba paredes, muebles y ropa. La cocina era la excepción. Allí olía a especias. Docenas de tarros y frascos con hierbas secas, polvos y cortezas llenaban las repisas adornadas con papel blanco recortado artísticamente. A Inés y a su marido les gustaba cocinar, y él aprovechaba las ventajas de trabajar en la aduana para atesorar productos importados con afán de coleccionista.
De los sentidos, el olfato es el evocador por excelencia; despierta recuerdos dormidos por años, nos trasporta en el tiempo o nos remite a lugares imprecisos –tal vez paisajes interiores- donde nos gustaría estar.
Hace poco, un maestro de decoradores decía que, en general, las casas se piensan o preparan desde lo visual únicamente; que hacer prevalecer o, al menos, intentar equiparar los demás sentidos al de la vista, es un tema pendiente. De la necesidad de lograr un equilibrio entre las percepciones trata la ambientación de un lugar. El ambiente es el medio donde uno vive su vida diaria o trabaja. Cuánto contribuyen los aromas a la hora de sentirnos cómodos, y lo entretejidos que están ciertos olores a nuestra historia personal.
Muy atrás ha quedado la época en la que un Romeo restregaba una manzana en su axila para ofrecerle su olor único a una Julieta enamorada, La industria de los perfumes se ha encargado de que así sea. También es la que ‘desodoriza’ nuestras casas de lo cotidiano, reemplazándolos por esencias más aceptables socialmente, y le estamos muy agradecidas porque nos deja fragantes el cuerpo y los espacios. Pero eso tiene un precio: la desaparición de los olores familiares. Olores surgidos del modo de vivir la casa, y la vida. Ahora, una entra a una vivienda y reconoce el aroma de una marca determinada de desodorante de ambientes o la fragancia de una vela o sahumerio.
Añoro los olores de antes: los de las casas de mi infancia, los que mis amigas llevaban impregnados en la ropa como distintivo familiar.
“Tu casa olía a torta”, me dijo una de ellas hace poco. Y sí, debe haber sido ése el olor de mi casa, porque
mi vieja las hacía para vender.



¿Ustedes recuerdan a qué olían las casas de su infancia?




(Fuentes   imagen )

Tanteando al otoño

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Hace varios días que los amigos del norte están dando la bienvenida a la primavera: mucho pimpollo y brote reventón, en los blogs. Mucho verde. Un nuevo nacimiento.

Y nosotros, los del sur, qué. ¿Será porque el verano remolonea y nos regala aún algunos días agobiantes que ignoramos al otoño?

Aunque nos hagamos los distraídos, el cambio se va imponiendo poco a poco. Fíjense si no cómo amarillean ya los fresnos y los olmos y algunas enredaderas viran lentamente al naranja y al rojo. Cuánto se han acortado los días y cómo se van atemperando las madrugadas y las tardecitas. Vuelan semillas y caen los últimos frutos olvidados, y las primeras hojas que el viento arremolina en los jardines o en los umbrales de las casas.

En los barrios, dentro de poco, caminaremos sobre veredas tapizadas y veremos vecinas ansiosas –escoba en mano- sacudiendo las ramas de los árboles para que terminen de una vez de caer las hojas y habrá montoncitos quemándose en los cordones y humitos azules que llevarán el olor del otoño a todos lados.

Echaremos una manta gruesa sobre la cama y encenderemos los primeros fuegos. Y el cuerpo se nos volverá más somnoliento y nos dará ganas de volver temprano a casa. Serán los ritmos naturales preparándonos para el letargo del invierno.

¡Bienvenido el otoño!

Mónica O.

Por qué miro...

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Comparto con ustedes lo que creo me ha impulsado a mirar revistas de decoración por años (y a visitar blogs, recientemente). No niego que, en ocasiones, tuve algún interés de índole práctica pero, en general, el incentivo fue –sigue siendo- otra cosa.
Se trata de una inquietud que subyace, que está agazapada por allí, en un rincón de mi mente, y que cada tanto crece, se agiganta convirtiéndose en una necesidad a satisfacer. ¿Curiosidad? Puede ser. Pero yo lo llamo mis ganas de regodeo visual.
La belleza de las formas – naturaleza, arquitectura, objetos-, me apasiona; perdura, me nutre y provoca bienestar. Puro placer estético.
“¿No te aburren estas revistas?” me preguntó alguien una vez.
Y no. No sólo no me aburren, sino que después de cierto tiempo me da gusto volver a mirarlas. Siempre hay algo nuevo que descubro y que antes no había visto. Esto me habla de los cambios, de los ciclos eternos, y de mis propias percepciones e intereses en mis modos de ver. Son las mismas fotos, pero no, porque soy yo la que miro con otros ojos.
Una tiene su afán encaminado hacia las letras. Prefiere crear historias de ficción –al menos, lo intenta-, y es una tarea tan ardua como grata. Entonces, se pregunta qué otra cosa busca en las imágenes. Tal vez percibir esas historias, o despertar recuerdos, o simplemente inspiración. Cada casa es un mundo, suele decirse. Entonces, quizá busque sumergirse en mundos ajenos para descubrir coincidencias o diferencias. Suelo tomar una lupa y observar detenidamente los lomos de los libros en una biblioteca, los objetos expuestos en vitrinas, o fisgoneo para distinguir que hay encima de una mesa o en el estante de un placard. Busco detalles, pistas para imaginar o predecir cómo son las personas que habitan el lugar. Por eso me fascinan las casas definidas por un estilo personal y en donde se respira la vida de todos los días.
Sé que estas casas también se preparan ex – profeso: y es entonces cuando agradezco a los artistas –productores, ambientadores y fotógrafos- por haber logrado transmitirme la atmósfera de un hogar o la placidez de un jardín por medio de una fotografía.


Mónica O.



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